sábado, 20 de enero de 2018

Edén

Edén es un juego de rol que te transportará a los albores de un mundo primitivo en el que dioses y alienígenas juegan a placer con las criaturas que lo pueblan. Mitología, dinosaurios, abducciones, pulp, teorías de la conspiración y ciencia ficción retro se unen en este homenaje a los juegos clásicos de los años noventa para hacerte protagonizar historias de cavernícolas luchando contra monstruosidades con pistolas de rayos láser.

Este libro incluye todo lo que necesitas para jugar:
  • Sencillas reglas de juego, con una opción simplificada para el combate y una manera de representar el impacto emocional que supone el choque entre hombres primitivos y tecnología extraterrestre.
  • Una pormenorizada descripción de los habitantes de Edén: las razas extraterrestres (anunnakis, reptilianos, grises...), las culturas humanas y las relaciones que existen entre ellas.
  • La geografía y la cosmogonía de Edén, seis personajes pregenerados de distintas civilizaciones y tres aventuras listas para jugar, cada una con un sabor diferente.
Edén es un juego de rol de la editorial Nosolorol escrito por Gabriel Soriano y con diseño e ilustraciones de Raúlo Cáceres. Se trata de un título que nos retrotrae en el tiempo a los años 90, tanto por la estructura y mecánica como por la maquetación. Se trata de un juego muy cuidado, al contrario que otros que surgieron durante esa época, pero que mantiene el sabor retro y que se nota sólo con ojear el manual: portada en tapa dura a color e interior e ilustraciones en blanco y negro. Con una estética muy cuidada, vale la pena destacar el excelente trabajo gráfico de Raúlo Cáceres, con grandes ilustraciones de seres alienígenas y pobladores humanos de Edén, así como de otras criaturas.

El juego está ambientado en un mundo fantástico llamado Edén que se encuentra tecnológicamente en el Neolítico tras haber sufrido una grave regresión cultural y caer en la barbarie. Este mundo presenta seis culturas diferentes con su propia idiosincrasia, basadas en culturas de la historia antigua de nuestro mundo: Aztecas y Mayas, Egipto y Sumeria, cavernícolas paleolíticos, China clásica, tribus africanas y pueblos nórdicos (vikingos). Esto da como resultado una extraña mezcolanza geográfica y temporal, un complejo de anacronismos que se resuelve de manera sencilla. Y es que Edén es un mundo ficticio y fantástico, por lo que tal problema de anacronismos no existe.

El sistema de juego tiene una base muy sencilla. Se basa en tiradas de 3d8 (tres dados de ocho caras) que se lanzan a la vez. Una vez hecha la tirada, se comprueban cuales es el resultado más alto (DA o dado alto), medio (DM o dado medio) y más bajo (DB o dado bajo). Según el nivel de la característica o habilidad que se use, se tomará como resultado de la tirada uno de los tres dados y se compara el valor con la dificultad objetivo marcada por el director de juego. Si iguala o supera, se obtiene éxito en la tirada. A partir de esta sencilla base se despliega todo el sistema de juego, incluyendo combates, magia, tiradas enfrentadas y extendidas, etc. Además, el sistema está preparado para minimizar la cantidad de tiradas, de manera que las situaciones de combate o similares se hagan menos pesadas y engorrososas. Otra característica interesante la encontramos en el bestiario. En lugar de una larga lista de posibles criaturas, nos encontramos con una serie de plantillas estándar que nos muestran diferentes categorías de animales, alienígenas, etc. Así, con unas pocas modificaciones, podemos personalizarlas para crear todo tipo de entidades, adversarios y criaturas.

El trasfondo de Edén está elaborado de manera que todo resulte coherente y esté bien estructurado. Aún así, deja los bastantes huecos en el mapa y en la situación del presente como para que el director de juego no tenga problemas a la hora de rellenar esos blancos a su conveniencia. Por otro lado, los seis personajes pregenerados que ofrece muestra una parte de las múltiples posibilidades que ofrece este juego. Junto con estos, encontramos tres aventuras, cada una dirigida a una cultura diferente y que oscilan entre la acción pura, la supervivencia y la investigación con intrigas palaciegas. Edén es un juego que ofrece muchas opciones a un director creativo, ya que bebe de múltiples referencias y fuentes, tanto del pulp como de la ciencia ficción retro y de las teorías de la conspiración. Así, encontramos anunnakis, reptilianos y grises, que se pueden combinar con historias de mundos perdidos, clásicos pulp como Flash Gordon o John Carter de Marte, etc. De hecho, el manual está plagado de referencias y guiños que, aunque no es imprescindible conocerlos, ayuda mucho el identificarlos.

En conclusión, Edén es un juego ameno, sencillo, divertido y muy orientado a los aficionados al pulp más aventurero y la ciencia ficción retro. También gustará a los que quieran hacer partidas con culturas de la historia antigua con un giro más fantástico y meter conspiraciones alienígenas. Es un libro que se disfruta tanto por su maquetación y redacción como por su aspecto gráfico. Así pues, Edén es un titulo recomendable, coherente, bien elaborado y que podrá gustar tanto a nostálgicos de los '90 como a jugadores que quieran probar una experiencia diferente.

sábado, 13 de enero de 2018

El vacío (2016)

Título: El vacío
Título original: The Void
País: Canadá
Productora: Cave Painting Pictures / JoBro Productions, Film Finance
Director: Jeremy Gillespie, Steven Kostanski
Guión: Jeremy Gillespie, Steven Kostanski
Reparto: Ellen Wong,  Kathleen Munroe,  Aaron Poole,  Kenneth Welsh,  Art Hindle, Daniel Fathers,  Stephanie Belding,  Amy Groening,  Trish Rainone,  Evan Stern, Mik Byskov,  James Millington,  Grace Munro,  David Scott,  Jason Detheridge
Sinopsis:
Un policía traslada a un hombre herido a un pequeño hospital, y la violencia no tarda en desatarse. Los pocos médicos y pacientes que hay se ven rodeados por unos encapuchados y amenazados por una extraña criatura que crece dentro del hospital. (FILMAFFINITY)

Crítica:
The Void (El vacío) es una película arriesgada, un proyecto independiente que se nutrió del crowdfunding para reunir fondos y que se basa en la nostalgia del cine de terror de los años 80. En su favor, hay que reconocer que los aspectos técnicos de la misma son excelentes (fotografía, banda sonora, maquillaje, vestuario y efectos especiales). Logra crear unos monstruos y efectos de corte sobrenatural muy logrados sin recurrir al manido CGI, lo cual es muy meritorio. Consigue una estética visual y sonora que no sólo nos retrotrae a la nostalgia, sino que demuestra que con técnicas que hoy en día no están tan en boga se siguen obteniendo buenos resultados.

Sin embargo, no todo es positivo en esta película, e incluso algunas cosas que pretenden ser positivas se vuelven negativas precisamente por no ser usadas de la manera más apropiada. Abusa demasiado de la nostalgia de los ochenta y su cine de terror y gore, con una fuerte influencia de John Carpenter. De hecho, hay planos, elementos de la trama, diálogos y situaciones que beben directamente de la filmografía de este genial director, por no decir que lo copian directamente. Pretende ser un homenaje a Carpenter copiando conceptos y elementos característicos, pero conjuntándolos de manera que no poseen la gracia y el estilo de Carpenter. El resultado es un monstruo de Frankenstein, un pastiche con pretensiones que se queda roto por el discordante ritmo de la película: comienza de manera muy fuerte para, de improviso, pegar un repentino parón y abusar del suspense situacional, lo que ralentiza mucho la trama. A esto hay que añadir que las actuaciones son poco relevantes, con personajes muy planos con los que resulta difícil empatizar, y un personaje en concreto al que resulta demasiado fácil odiar y calificar como excesivo, pese a que trate de ser uno de los "héroes".

En conjunto, The Void es una película que puede resultar entrentenida, pero está fuertemente sobrevalorada por el componente nostálgico y por el impulso independiente que la guía. En lugar de The Void, resulta mucho más recomendable visionar En la boca del miedo (In the Mouth of Madness, 1995), El Príncipe de las Tinieblas (1987), La Cosa (The Thing, 1982), las tres de John Carpenter y en las que se inspira The Void. Aunque pretende ser un homenaje a Carpenter, el nivel es muy inferior. En este caso, la suma de las partes no es mejor.

miércoles, 3 de enero de 2018

Tiempos modernos (1936)

Título: Tiempos modernos
Título original: Modern Times
País: Estados Unidos
Productora: United Artists
Director: Charles Chaplin
Guión: Charles Chaplin
Reparto: Charles Chaplin,  Paulette Goddard,  Henry Bergman,  Chester Conklin, Stanley Stanford,  Hank Mann,  Louis Natheaux,  Allan Garcia
Sinopsis:
Extenuado por el frenético ritmo de la cadena de montaje, un obrero metalúrgico acaba perdiendo la razón. Después de recuperarse en un hospital, sale y es encarcelado por participar en una manifestación en la que se encontraba por casualidad. En la cárcel, también sin pretenderlo, ayuda a controlar un motín, gracias a lo cual queda en libertad. Una vez fuera, reemprende la lucha por la supervivencia en compañía de una joven huérfana a la que conoce en la calle. (FILMAFFINITY)

Crítica:
Tiempos modernos es una película de Charles Chaplin que está considerada la última película del cine mudo, aunque tiene algunas voces y efectos de sonido. Además, es la primera en la que se escucha la voz del actor, al realizar un número musical hacia el final de la misma. Se trata de una sátira sobre la industrialización y las condiciones laborales durante la Gran Depresión. El protagonista, Chaplin, es un obrero de una cadena de montaje que se ve sometido a esfuerzos cada vez mayores por el continuo aumento de velocidad en la misma, hasta que acaba por perder la cabeza. De esta manera se inicia serie de vivencias y desventuras por las que pasa en una sociedad en la que cada vez hay menos trabajo y resulta más difícil ganarse la vida. De hecho, hay una secuencia en la que se identifica a los trabajadores acudiendo a la fábrica con un rebaño de ovejas, resulta muy esclarecedora e ilustrativa.

Tiempos modernos es un retrato social que, aunque tiene un tono optimista, satiriza las condiciones de explotación e injusticia a las que se veían sometidos los trabajadores. Esto no sólo lo vemos en el personaje de Chaplin, sino también en el de una joven interpretada por Paulette Goddard que se queda huérfana y desamparada y trata de subsistir en las calles. A través de las vidas de estos dos personajes, tanto por separado como cuando están juntos, tenemos una visión de esa sociedad y de sus penurias. Pero, como se trata de una comedia, esto se nos presenta con el apropiado toque de humor.

En conclusión se trata de una película divertida, un clásico que no debe dejarse pasar. Ofrece una satírica y aguda visión de la sociedad de la Gran Depresión americana, con las injusticias y abusos a los que se veían sometidos los trabajadores. Por otro lado, no deja de ser una excelente comedia de un actor intemporal, de un cómico excepcional, Charles Chaplin.